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La flora de Candeleda y su distribución en función de la altura
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La Flora.
La vertiente sur de la Sierra de Gredos se caracteriza por la existencia
de una amplia gama de especies vegetales, condicionadas por la altitud,
la topografía accidentada, los suelos silíceos, el clima, la orientación y
la acción del hombre.
La vegetación cumple un papel activo muy importante dentro de este entorno
geográfico, en cuanto que se convierte en el freno de los agentes erosivos
y en uno de los principales recursos económicos.
El hombre ha grabado su huella en el paisaje, unas veces desforestando los
bosques para buscar su subsistencia (roturando y quemando para crear pastos)
y otras veces repoblando, como las repoblaciones de pino que dominan la zona.
Se distinguen en el espacio geográfico que tratamos, asociaciones vegetales
que definen grandes dominios, caracterizados por una cierta homogeneidad ecológica
que manifiestan condiciones climáticas, edáficas y topográficas distintas.
Estos factores determinan una sucesión altitudinal de la vegetación
que se refleja de una forma esquemática:
Piso basal (hasta los 500 metros).
Es el dominio del encinar, especie representativa del área mediterránea,
acompañada de robledales y alcornocales, en los suelos más
profundos y frescos.
Desde épocas antiguas, el aprovechamiento de las tierras mediante la silvicultura
y el pastoreo y las talas, quemas y roturaciones de los bosques, han conducido
a la degradación de los mismos.
Junto con la degradación de los bosques y debido a la pérdida del microclima
fresco y con poca luz que generaban, se ha producido la explosión de especies
heliófilas, como la gran expansión que ha experimentado el pino carrasco.
En las zonas donde la degradación ha sido importante, han aparecido matorrales
claros como la jara, el brezo y las aulagas.
La abundancia de citotopónimos en la zona, que hacen alusión a antiguos
robledales, sugieren la existencia de amplias masas de robles en épocas
pasadas, hoy roturadas u ocupadas por las encinas.
Piso templado (entre los 500 y 1.200 metros).
Es el paisaje más humanizado. El hombre ha abancalado las laderas para
aprovechar las pendientes y ha introducido una gran variedad de nuevas especies
vegetales.
Se desarrolla una amplia gama arbórea que en sentido ascendente va desde
el olivar, pasando por los árboles frutales y los de hoja
caduca (castaños, nogales y avellanos), hasta el pino
resinero, que ocupa los terrenos de mayor pendiente y aquellos que fueron
en su día roturados y hoy se encuentran abandonados.
En las solanas, hasta los 1.000 metros, se desarrollan el olivo,
la higuera, el melocotonero, el granado y el almendro,
mientras que el cerezo, el manzano, el peral y el ciruelo
se suelen desarrollar hasta los 1.200 metros de altitud.
En otras épocas, los castaños eran, junto al roble, la especie característica
de este piso, aprovechándose sus frutos para alimentar al ganado. En la
actualidad sólo se extienden por las zonas más húmedas de los valles, preferentemente
en las umbrías, tras haber sufrido una desproporcionada tala y la grave
enfermedad de la tiña.
Recientemente se ha constatado una cierta expansión y conservación de los
castaños, demostrando ser una alternativa económica para la zona, mediante
la comercialización de las castañas.
Históricamente, el roble melojo dominaba este piso, pero las repoblaciones
de pinos lo fueron reduciendo. Este fenómeno produjo un retroceso
del ganado caprino, antaño única forma de aprovechamiento, junto al carbón
vegetal, de estos parajes.
Actualmente existe una importante masa de roble rebollo en la zona
conocida como "La Bardera", entre Arenas y Candeleda,
aunque en otras zonas queda reducido a pequeñas manchas en las umbrías,
entre los pinos, junto a aisladas matas de pino carrasco.
En este piso el matorral es muy denso y exuberante. Entre el matorral
bajo abunda el brezo, la escoba, la jara, el torvisco,
el tomillo, el lentisco, las zarzas, los madroños,
los helechos y los espinos.
Piso frío (entre los 1.200 y 1.500 metros).
Los eriales y pastos se conjugan con el pino albar,
también llamado pino serrano o pino balsaín, que resiste las
temperaturas extremas del invierno, de hasta -30ºC. En el valle del río
Pelayo, cerca de Arenas de San Pedro, sobresale un ejemplar
de más de 500 años, conocido como el "pino bartolo" que tiene un
diámetros de 1,5 metros y un volumen de más de 14 metros cúbicos.
Esta especie de pino se suele acompañar de piorno y matorral
pulvilunar. En los claros de las laderas de los montes y en las cumbres,
suele darse el enebro rastrero.
Piso subalpino y aplino (más de 1.500 metros).
En esta última zona, la inexistencia de suelos desarrollados, la abundancia
del afloramiento rocoso y los rigores climáticos, no favorecen nada el desarrollo
de superficie arbórea.
Los árboles desaparecen, dejando paso a el piorno serrano
que cuando no pueden sostenerse en las alturas, dan paso a pastizales
de alta montaña y a cerbunales.
Actualmente, la vegetación natural vuelve a ocupar las tierras que el hombre
arrebató en épocas de necesidad. Se ha contribuido a romper el equilibrio
ecológico introduciendo nuevas especies de mayor rendimiento económico, desforestando
los bosques para potenciar nuevas actividades, que como el turismo, humaniza
excesivamente estos paisajes, mediante la construcción de una densa red de
pistas forestales que favorecen los riesgos de incendios.
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Ultima Actualización 07-01-2003
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