El salto de gredos. La ilusión de un pueblo

Generalmente, en los programas de fiestas se suele tratar de las obras y monumentos existentes y ponderar las bellezas de la tierra y sus tradiciones. También suele hablarse de lo que fuimos o seremos pero en este caso no, vamos a contar (con cierta amargura, por qué no) lo que pudimos haber sido.

Al relatar las particularidades de un proyecto que no llegó ponerse en práctica no pretendemos resucitarlo, es demasiado tarde y el mundo ha cambiado mucho en setenta años, sin embargo queremos resaltar que si hubiera llegado a buen puerto, Candeleda no sería la misma que vemos hoy. No sabemos si todo sería positivo, pero lo que es seguro es que la Candeleda de ahora sería la capital económica de la comarca. Ahora veremos de que se trata.

Casi todos los candeledanos han oido hablar de un tal Azarola (Acerola, suele decirse) como de un loco que pretendía taladrar el macizo de Gredos y desaguar la Laguna hacia Candeleda para hacer una gran central hidroeléctrica.

Pues no, ni Azarola, ni los que han hablado de él y su proyecto estaban locos. Emilio Azarola Gresillón era un ingeniero navarro que nació en Tafalla en el año 1872, y que en el año 1916 presentó en el Ministerio de Fomento la solicitud formal para pedir la concesión de las aguas de la Laguna Grande de Gredos para la instalación de un gigantesco salto en Candeleda.

Curiosamente, la parte más fácil del proyecto era el túnel que, partiendo desde la Laguna, atravesaría la mole montañosa. Era mucho más complicado el aspecto administrativo, ya que tuvo que pelear duramente con el propietario de la Dehesa de Gredos, y hasta entonces de la Laguna, D. Emilio Martín Blas.

Los recursos contra la concesión duraron 12 años, desde 1918 hasta 1930, aunque posteriormente, las vicisitudes políticas como la dictadura de Primo de Rivera, la II República y de nuevo la dictadura de Franco encendían en cada cambio unas brasas que nunca se acababan de apagar y acabaron bruscamente con la segunda posibilidad que ha tenido Candeleda para haberse convertido en la capital del Tietar.

La primera oportunidad que perdió lo hizo con su industria pimentonera, que no supo defender de la voracidad de los exportadores murcianos, que consiguieron en 1929 que se autorizase la mezcla de aceite con el pimentón, con cuya práctica los pimentones malos parecen buenos y además se enrancian antes. Como Candeleda no tenía un nombre propio en dicho negocio, sino que lo vendía a mayoristas, que posteriormente lo adulteraban y mezclaban con otro de ínfima calidad, cuando éstos infames personajes perdieron su mercado a causa de que el pimentón se estropeaba durante el viaje, Candeleda perdió también su principal fuente de ingresos, casi a la vez que la que habría sido su segunda oportunidad, poco a poco se desvanecía entre las reclamaciones de caciques y mezquinos intereses cuya suma de perjuicios con la obra proyectada serían compensados para siempre con una mínima parte de los beneficios que habría dejado en Candeleda en un sólo año y, como veremos, no sólo era una impresionante cantidad de energía generada, sino un caudal adicional para riegos de verano de como mínimo dos metros cúbicos por segundo. estos dos mil litros por segundo son aproximadamente cuatro veces más de lo que suman las acequias actuales a máxima capacidad.

DESCRIPCIÓN DEL PROYECTO

Los "Saltos de Gredos" constaban de un embalse regulador en la Laguna Grande, que sería recrecida mediante una presa de 35 metros de altura y hasta la que se llevaría mediante dos túmeles el agua de las Cinco Lagunas y la Hoya de los Barrerones, que en su trayecto recogería la del Gargantón mediante un azud.

 

Conducción de aguas al nuevo embalse

El primer túnel partiría de la más baja de las Cinco Lagunas y atravesaría el Cuchillar de La Galana mediante un túnel de 1,90 metros de alto por 1,40 de ancho, y finaliza vertiendo en el Gargantón. El agua del Gargantón, más la vertida por el túnel de las Cinco Lagunas, se tomaría mediante una pequeña presa o azud y se conduciría hasta el embalse de la Laguna Grande mediante otro túnel, en esta ocasión dividido en tres tramos con longitudes de 680, 450 y 495 metros respectivamente y una sección de 2,20 por 2 metros, cuya capacidad sería de 27 m3/seg.

 

La presa

La presa del embalse de la Laguna Grande de Gredos se situaría en la boca de la Laguna. Tendría 45 metros de altura y dos alineaciones rectas, una de 283 metros en la cerrada principal y otra de 143 metros, que estaría apoyada en un saliente de la ladera derecha.

Se construiría con hormigón ciclópeo y de perfil triangular, con el paramento interior inclinado al 2 % y el posterior al 84 %, con juntas de dilatación cada 17 metros.

la coronación de la presa formaría un paseo, únicamente interrumpido por una pasarela situada sobre el aliviadero, que se situaría en el tramo más corto de los dos que formaban la presa, con una longitud de 34 metros y una altura de 1,50, con lo que sería capaz de evacuar hasta 150 m3/seg.

El desagüe de fondo estaría formado por un tubo de 0,80 metros de diámetro casi al nivel normal de la laguna.

La presa almacenaría la importante cantidad de 12 millones de metros cúbicos, de los que una buena parte saldría del macizo por la vertiente sur mediante un túnel de 1.095 metros perforado en el duro granito de la base de "La Ventana" que también contendría las compuertas para el desagüe del embalse, que podrían ser abiertas aunque no trabajase el salto, en el caso de resultar necesarias para el riego del valle. Tras el primer túnel se abriría otro de 52 metros en el barranco de "Los Hermanitos" y finalizaría con un tercero bajo "El Casquerazo", de 467 metros de longitud.

Todos los túneles tendrían una sección de 1,20 m de ancho por 1,90 de altura, revestidos interiormente y con las esquinas redondeadas.

A partir de esta última galería comenzaría la tubería forzada de 2.725 metros de longitud, que conduciría el agua hasta la primera de las centrales (Salto del Circo) cuyos últimos tramos, por necesitar de una extraordinaria resistencia debido a la enorme presión que habría de soportar, serían fabricados en palastro de 32 mm de espesor, y su remachado se realizaría mediante un procedimiento que el mismo Azarola había patentado.

La casa de máquinas del Salto del Circo estaría situada en la margen izquierda de la garganta Blanca y más exactamente en el paraje conocido como Piedra del Berrueco, hasta donde llegaría la tubería tras cruzar la citada garganta.

Dentro de la sala de máquinas se instalarían dos grupos de turbinas 10.000 Hp y uno de 20.000, dejando espacio para una posible cuarta turbina de otros 20.000 Hp. En el mismo edificio estaría la vivienda para el encargado de la central.

El desagüe de las turbinas se haría en el remanso de la pequeña presa que sería construída en la garganta Blanca inmediatamente por debajo de la central.

Se construiría también una presa o azud sobre la garganta Lóbrega para derivar sus aguas hasta la Blanca, que contendría un ingenioso sistema para mantener constante el nivel de agua en el canal sin necesitar de personal que atendiese a las compuertas, ya que su acceso sería muy dificultoso.

 

El sistema de azudes y canales sería el siguiente:

Habría un canal en dos tramos, de los que el primero comunicaría la garganta Lóbrega con la Blanca debajo del desagüe de la primera central. El segundo llegaría desde ésta hasta el depósito regulador del Nogal. Este segundo tramo recogería además las aguas del Horco de los Calabazares y seguiría por debajo de "la Puente del Puerto" a media ladera de la garganta que a partir de la unión de las dos anteriores pasa a llamarse de Santa María.

El Portillo del Rebollar lo salvaría mediante un túnel de 935 metros de largo y más adelante recogería las aguas del arroyo del Pinar mediante una pequeña presa y la incorporaría al canal, que en ese punto tendría 2.8 metros de ancho por 1.65 de altura, con una capacidad de 6.000 l/sg.

En el llano del Nogal se instalaría un gran depósito regulador de forma redondeada y aproximadamente una hectárea de superficie por una profundidad de 8 metros. Por lo tanto contaba con capacidad para 80.000 metros cúbicos.

Desde el depósito, el agua pasaría a la tubería forzada tras ser regulada mediante unas compuertas situadas en su toma, junto a la que se edificaría la vivienda del guarda.

La tubería forzada que llevaría el agua hasta la central del LLanazo sería doble y de 3.082 metros de longitud. Por cada uno de los tubos circularía el agua con la energía suficiente como para generar 23.000 Cv.

La casa de máquinas se ubicaría en el Llanazo de Navalpilón y en su interior se instalarían dos grupos de 20.000 Hp y otros dos de 10.000, dejando la cimentación preparada para la instalación de uno más.

El desagüe de las turbinas se realizaría a mayor altura que la más alta de las acequias de Candeleda, la Molinar, hasta la que se llevarían 150 litros por segundo de agua mediante un sifón y una tubería de fundición que atravesaría la garganta.

En el Llanazo se construiría un pequeño embalse para regular el diferente régimen de turbinación, de tal modo que aunque las turbinas estuviesen paradas, se tuviese almacenada la suficiente cantidad de agua para que las acequias mantuvieran su dotación normal.

Hasta aquí la descripción del proyecto, ahora expondremos los cambios que habría experimentado la agricultura candeledana con la puesta en regadío de prácticamente todas las tierras situadas entre el casco urbano y el Tietar.

Para poder realizar las obras necesarias resultaba imprescindible la construcción de vías de comunicación capaces para transportar los grandes pesos y volúmenes necesarios para el proyecto. estas obras también eran de cierta envergadura, como veremos a continuación.

La primera carretera a construir sería la que conduciría desde Navalperal de Tormes, en la carretera del barco de Ávila, hasta la pradera de Majazarza, donde se ubicaría la central del Cervunal, también relacionada con las obras descritas, pero de la que no nos ocuparemos.

Desde la pradera de Majazarza hasta la Laguna Grande se plantearon dos accesos. La primera opción sería continuar la carretera cruzando el Gargantón y construir luego un plano inclinado que llegase hasta la presa.

La segunda alternativa sería abrir una nueva carretera de 23 Km. de longitud desde Hoyos del Espino, tras cruzar el Tormes por el Puente del Duque, hasta la Laguna Grande; pasando por el Prado de las Pozas y el collado de Majada Somera hasta llegar al Morezón, donde finalizaría. desde allí se instalaría un funicular hasta la cima del Pie del Enmedio, desde donde se comenzaría a montar la tubería forzada de la central desde arriba hacia abajo.

Los accesos desde Candeleda son una de las más interesantes del proyecto, especialmente por la visión de futuro que demuestra Azarola, como comprobaremos más adelante.

Desde el puente de Candeleda se haría una carretera hasta el Llanazo, siguiendo el trazado del antiguo camino, que también es el actual. Desde el Llanazo, siguiendo el trazado de la tubería forzada, se construiría un plano inclinado con un funicular que llevaría directamente hasta la estación terminal del llano del Nogal, cuya logitud sería de unos tres Km. con un desnivel de 670 m..

Desde la estación del Nogal partiría otro pequeño tren industrial que llegaría hasta la central de la Peña del Berrueco, tras seis Km. de recorrido, que realizaría a la velocidad de 12 Km./hora.

La importancia de estos dos medios de transporte radica en que tras las obras de construcción de las centrales, ambos medios de transporte, además del servicio a las instalaciones, se pondrían al servicio del turismo, puesto que Azarola ya advirtió las posibilidades turísticas de Candeleda hace ya 70 años.

La última parte del proyecto no es obra de Azarola, sino del ingeniero agrónomo D. Silverio Pazos, que redactó el proyecto de los nuevos regadíos de que se beneficiaría Candeleda.

Para resumir lo que el "Salto de Gredos" habría supuesto para Candeleda tan sólo hemos de tener en cuenta un dato: la suma de los caudales que discurrían entonces durante los meses de julio y agosto por las acequias candeledanas (quizá todavía ahora) era de 250 litros/segundo para el riego de 640 hectáreas. Si se hubiesen realizado las obras, la central del Llanazo habría desaguado 1.500, es decir, seis veces más. Por lo tanto la superficie que se podía haber puesto en regadío sería también de seis veces la actual, es decir 3718 hectáreas.

No hace falta tener mucha imaginación para comprender lo que habría supuesto para Candeleda multiplicar su tierra de regadío por seis en los años veinte y lo que ello habría supuesto en todos los aspectos, comenzando por los miles de personas que en lugar de marchar a Madrid o cualquier otro punto, habrían podido trabajar en su pueblo natal y además manteniendo un más que digno nivel de vida.

Teniendo en cuenta los datos precedentes, también podemos calcular en veinte o veinticinco mil el número de vecinos que podría albergar ahora, de ahí el por qué se dijo al comienzo que ahora sería la capital económica de la comarca.

Las zonas regables, a partir de la puesta en servicio del Salto de Gredos se dividirían en tres, según el agua disponible, llamadas de regadíos intensivos medios y eventuales. La primera zona, comprendería todos los regadíos actuales más buena parte de Pasto Loboso, todas las parcelas del Llano (que en 1929 ya se habían entregado a los vecinos) y las riberas del Tietar y Arbillas (entonces no existía el embalse del Rosarito).

La zona de cultivos medios sería la comprendida entre el canal de la margen derecha de la Garganta y el camino del Raso o la Lagunilla por donde iría la nueva acequia a una cota mucho más alta que la actual carretera, y donde se planteaba el aprovechamiento del agua para la creación de praderas en la zona más baja, cercana a la actual carretera, y la plantación de frutales abancalando las laderas por el abrigo que presenta su orientación.

La tercera zona sería de regadío eventual y destinada fundamentalmente a pastizales y cereal con objeto de abastecer la ganadería candeledana, y que gracias al aumento de zona regable también se incrementaría notablemente.

Un punto también de interés que se adjuntaba al proyecto, sería que el aumento de aguas superficiales también provocaría el aumento de las escorrentías, ampliando el caudal que abastecía las entonces abundantes charcas que se mantenían hasta avanzado el verano y donde se multiplicaba el mosquito que provocaba las endémicas fiebres palúdicas, pero que en cuanto aumentaba la velocidad del agua en las charcas, no se podía reproducir.

 

Carlos Blázquez Herrero
Libro de Fiestas de 1997
Páginas, 29,31,38,40 y 42





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