
El pueblo de Candeleda se encuentra situado en pleno Valle del Tietar, a la vera
de Gredos, enclave de peculiar cultura, refugio de gentes serenas, centro de
atracción turística y reserva ecológica de la naturaleza.
Candeleda es un lugar mágico. Mágico por sus parajes y arboledas, por sus gargantas,
arroyos y manantiales, por los picachos y roquedales de la sierra y por sus
tradiciones.
Candeleda tiene más de 5.000 habitantes. Es el núcleo ganadero más importante
del valle. A la sombra del Almanzor se asentaron los primeros pobladores de
estas tierras, de los que nos llegan noticias a través de las excavaciones realizadas
en el castro celta de El Raso.
La tierra y el clima hacen posible plantaciones de tabaco de primera calidad,
huertas de frutales y hortalizas en las vegas y en los llanos, y en las laderas
de la sierra un cabrito y unos quesos excelentes.
Sus calles y plazas, adornadas de palmeras y naranjos, sus casas más antiguas
con sus balcones de madera, siempre adornados de flores, hacen recomendable
un paseo por el casco antiguo de este pueblo, distinto en casi todo al resto
de los pueblos de la provincia de Avila.
El embalse del Rosarito ofrece multitud de posibilidades a los amantes de los
deportes náuticos, y las pistas y senderos forestales nos conducen a las zonas
más altas de la sierra. Es un punto de partida inmejorable para atravesar la
Sierra de Gredos, disfrutando de parajes de gran belleza forestal y paisajística.
Próximo a Candeleda se encuentra el pequeño municipio de El Raso. Situado en
la falda de Gredos, a los pies del Almanzor, ofrece unas vistas inmejorables
del valle y de la montaña. En este lugar podemos realizar visitas al castro
celta de El Freillo, así como excursiones por la montaña, ascendiendo al Almanzor
o descendiendo a las gargantas de Alardos o Tejea para darnos un buen chapuzón.
Folkclore, tipismo, gastronomía, bellezas naturales y clima, son alicientes
que hacen de Candeleda un lugar ideal para disfrutar fines de semana o vacaciones
estivales.
El clima puede englobarse en el tipo templado-oceánico y las variaciones que
sufre en función de la altitud, orientación y morfología de los terrenos posibilitan
una gran variedad de aprovechamientos.
La topografía accidentada de la falda de la montaña ha obligado al abancalamiento
de los terrenos, y ha restringido el aprovechamiento de los suelos ácidos, donde
abunda el afloramiento rocoso lo que ha influido notablemente en la vocación
sivopastoril de sus gentes.
En relación con los elementos físicos, aparece una variada gama de paisajes
naturales, modificados en la actualidad por una acusada acción antrópica. Las
repoblaciones de pinares y el auge turístico incontrolado se transforman en
un descalabro ecológico visible en la vegetación expontánea.
Desde el punto de visto histórico, la proximidad del Puerto del Pico, como
paso natural de Gredos, favoreció las relaciones humanas con las zonas adyacentes,
siendo estas más intensas en la Edad Media, cuando se creó la vía pecuaria de
los ganados de la mesta, siendo un nexo indudable entre la Alta Extremadura
y la Submeseta Norte.
Políticamente, la zona perteneció a Toledo hasta la reestructuración provincial
de 1833, fecha en que pasó a depender de Avila. Actualmente los vínculos económicos,
comerciales y humanos giran en torno a Talavera de la Reina como núcleo de mayor
importancia de los alrededores.
La relación con la capital de la provincia se reduce a los aspectos burocráticos
y administrativos. La cultura y etnografía relacionan esta zona con la comarca
cacereña de La Vera, y con los núcleos toledanos próximos a Oropesa, centro
histórico de este área.