
Historia sobre el Castro Celta de El Raso
CASTRO CELTA VETTON DE EL RASO
INDICE
- Introducción.
- Situación geográfica e histórica.
- Ambito sociocultural.
- Vida familiar.
- Constumbres.
- Alimentación.
- Sanidad.
- Actividad doméstica.
- Economía.
- Ganadería.
- Agricultura.
- Caza y pesca.
- Minería y metalurgía.
- Artesanía.
- Comercio.
- Otras actividades.
- Organización política
y social.
- Religión.
- Ataecina y Vaelicus.
- Bibliografía.
INTRODUCCION
Los conocimientos que se tienen sobre dicho poblado se han obtenido mediante
la realización de sucesivas campañas de excavación que se han ido llevando
a cabo en la zona del poblado desde 1934, año en el que se descubrieron los
primeros restos del asentamiento.
Los vettones fueron un pueblo celta que se asentó en la zona
de El Raso, en torno a los siglos VI y V a.C., que llegaron a la península
desde el centro de Europa. Antes de la llegada de los vettones, en la zona
de El Raso vivía una pequeña población atrasada que fue absorbida por los
celtas. El asentamiento de El Raso perduraría hasta la época de César en el
siglo V a.C.
Era un pueblo agrícola y ganadero. El asentamiento ocupaba cerca de 15 hectáreas,
con cerca de 600 casas y más de 3.000 habitantes. Además disponían de una
zona amurallada desde donde se defendían en caso de ataque, de una necrópolis,
donde enterraban a sus muertos y un santuario dedicado a su Dios Vaélico.
El santuario estaba dedicado al Dios Vaélico, dios de las armas. A sus muertos
los incineraban y luego sus cenizas eran enterradas junto con las pertenencias
del muerto, ya que creían en una vida más allá de la muerte.
La alimentación se sustentaba en bellotas y castañas que recolectaban de los
bosques cercanos. Sólo hacían una comida y no bebían nada de alcohol, sólo
agua. Los animales típicos de que disponían eran los caballos y las cabras.
Cazaban ciervos y cabras monteses.
El índice de mortandad era muy alto, y la media de edad se situaba entre los
26 años de las mujeres hasta los 33 de los hombres. La familia era patriarcal
y tenían un gran respeto hacia los mayores.
SITUACION GEOGRAFICA E HISTORICA
El
yacimiento prerromano de El Raso se encuentra en el término
municipal de Candeleda, provincia de Avila, cerca de los límites
de las provincias de Cáceres y Toledo, de las que apenas lo separan unos centenares
de metros. Se halla situado en las estribaciones meridionales del macizo central
de la Sierra de Gredos, al pie del pico Almanzor, a pocos kilómetros de Candeleda,
a cuyo término municipal pertenece el anejo de El Raso.
Tres elementos de acusada personalidad determinan las características geográficas
de la zona en que se halla enclavado el yacimiento. Un macizo montañoso al
norte, la Sierra de Gredos; un río al sur, el Tietar; y un torrente que pone
en contacto la sierra con el río, la garganta de Alardos.
Se trata de uno de los yacimientos más completos de la Edad del Hierro en
la Meseta. El poblado se encuentra sobre un collado denominado del Freillo,
a unos 790 metros de altura. Se compone de diferentes partes, cada una con
una función distinta. En la zona más alta del poblado se encuentra
la Muralla y algo más abajo la Necrópolis. En
el valle, en el punto donde se unen la garganta y el rio, y a tan sólo 252
metros de altura, se encuentra el Santuario.
Hoy se sabe casi con seguridad que la vida del poblado, en su nucleo fundamental,
llega hasta mediados del siglo I a.C. El Santuario sería la prueba de la permanencia
en la zona hasta muy avanzada la época romana, y aún después de esta época.
Los asentamientos humanos en la zona, sin embargo, comienzan mucho antes de
la Edad del Hierro. La hubo antes, quizás desde el calcolítico, del que se
conservan diversos materiales de sílex que fueron recogidos y conservados
por las gentes de la Edad del Hierro, llegando hasta nuestros días.
La Edad del Bronce está mejor documentada en la zona. Recientemente fueron
redescubiertas unas pinturas rupestres de tipo esquemiatico, que aún siendo
localizadas en 1934, no pudieron darse a conocer antes por la llegada de la
Guerra Civil Española.
A estas mismas gentes de la Edad del Bronce pudiera pertenecer un pequeño
poblado que parece extenderse al pie de la vertiente meridional de los Hermanitos
de Tejea, cumbres gemelas que se alzan entre el poblado de la Edad
del Hierro y las alturas del Almanzor, en un lugar conocido como Prado
de la Carrera, por el parecido de la posible muralla derruida con
un camino empedrado. En la superficie de este prado y en sus inmediaciones
se han hallado numerosas piezas de cerámica desgastadas y erosionadas por
el paso del tiempo.
También se han encontrado objetos pertenecientes a la última etapa de la Edad
del Bronce denominada Bronce Final, sin emplazamiento definido. A este último
periodo de la Edad del Bronce también pudiera pertenecer el yacimiento de
los Castillejos de Chilla, poblado ubicado en una garganta paralela
a la de Alardos, hacia el noroeste, pero del que se conocen pocos datos y
no ha sido excavado.
A esta última etapa pertenecen los numerosos colgantes de bronce hallados
en diversas partes del yacimiento, los cuales tienen una larga perduración,
ya que no sólo ocupan toda la primera etapa de la Edad del Hierro sino que
se proyectan en la segunda y llegan incluso hasta el período romano, aunque
entre todos ellos se observa una cierta evolución.
Sobre este pequeño núcleo de población precéltica, del que no se conocen con
seguridad ritos y constumbres, van a influir sobre todo los pueblos centroeuropeos
que habían abandonado sus asentamiento originales en el centro de Europa y
en un peregrinaje de siglos habían ido ocupando diversas tierras de todo el
occidente europeo, aunque sigue siendo imposible tratar de identificar exáctamente
el lugar de procedencia y los caminos seguidos por estos pueblos.
En el caso concerto de El Raso, los expertos tienden a pensar, basándose sobre
todo en antropónimos y teónimos, que pudiera tratarse de Eburones,
pueblo del conjunto de los celtas que ocupaban al parecer, las tierras de
lo que hoy se conoce como el sur de los Paises Bajos.
Este pequeño grupo precéltico de indígenas de la meseta va a sufrir por tanto
un profundo proceso de renovación. Se puede decir que casi se produce una
sustitución en el dominio de la zona por las recien venidas gentes, más numerosas,
conocedoras sin duda del uso del hierro, aunque lo empleen de forma precaria.
Sin embargo, no es fácil separar con claridad, lo que pertenece a la tradición
indígena, lo que han traído los pueblos venidos del norte (celtas) y lo que
corresponde a las influencias venidas del sur, pues hay elementos culturales
que bien podrían haber llegado por un camino u otro.
Las favorables condiciones de su emplazamiento, en una tierra fértil y bien
regada, con pastos abundantes a lo largo de todo el año, convierten el nuevo
asentamiento en algo permanente que permite el desarrollo de una cultura típica
del período Cogotas II, con todos sus elementos, la cual conocemos
en El Raso fundamentalmente a través de sus Necrópolis, pues el poblado, aunque
localizado y excavado, aún no ha sido estudiado profundamente.

Es por todo ello, que se podría hablar de una cultura celta en el poblado,
establecida en torno a los siglos VI y V a.C., donde se dieron las condiciones
necesarias de desarrollo de una cultura celta.
Lo que tampoco está muy claro, es el desenlace final de la historia de esta
cultura celta en el poblado. Lo que si es cierto es que después de la victoria
de César, este poblado se despuebla y sus gentes se trasladan a un lugar desconocido.
Este hecho significa no sólo el final del poblado, sino el final de todo
un período cultural de los pueblos indígenas de la meseta, que irán perdiendo
su identidad propia para comenzar a integrarse en la superior cultura romana.
Lo que sí se conoce es el hecho del desplazamiento de estas gentes hacia el
valle, abandonando la montaña. Se sabe de dicho desplazamiento, porque durante
los sucesivos períodos históricos que tuvieron lugar a lo largo de esta cultura
en la zona, siempre se fueron desplazando hacia el sur.
Algunos datos históricos posteriores hacen pensar que esta cultura fue absorbida
por la cultura romana, pero no hay datos concretos e irrefutables sobre el
desenlace y posterior supervivencia de esta cultura en la zona, ya que no
se han descubierto asentamientos posteriores que manifiesten la vida posterior
como cultura celta en la zona.
Supuestamente, integrados en la cultura romana, mantenían ocultas sus constumbres
y creencias religiosas, mientras convivían en la cultura romana, hasta que
finalmente acabaron sometiéndose al cristianismo.
Prueba de estas últimas suposiciones es la evolución que ha sufrido el Santuario
que el poblado tenía en el llano, en la zona conocida como Postoloboso.
Este santuario pasó a denominarse Ermita de San Juan, que actualmente,
aunque abandonado al culto, se conoce con el nombre de Ermita de San
Bernardo.
AMBITO SOCIOCULTURAL
Vida familiar.
Es difícil reconstruir el ambiente familiar de las gentes prerromanas de
El Raso. Vamos a basarnos en datos arqueológicos, aunque no son muchos.
Debía de concederse una gran importancia a la intimidad familiar,
ya que en todas las casas existe una tendencia a ocultar del exterior las
habitaciones de estar, intentando que no coincidieran las puertas interiores
con las de la calle, sino que siempre estuviesen en ejes diferentes.
Debía gustarles el aire y el sol de la calle, porque las construcciones estaban
dotadas de porches techados con asientos y siempre orientados hacia el sur
o el oeste. A la puerta de la casa se hablaría en familia y con los vecinos,
y seguramente se realizaran pequeños trabajos domésticos como arreglar los
vasos de cerámica rotos, afilar los cuchillos, hilar, tejer y otros similares.
A esto se pudiera deber la aparición entre los restos de estos lugares, de
piedras de afilar, grapas de plomo, fusayolas, pesas de telar, etc.
Como es propio de los pueblos ganaderos, la familia debió de ser patriarcal
y en ella se concedería un lugar preeminente a las personas de mayor edad.
Estrabón, al hablar de las constumbres de los pueblso hispanos,
nos dice que comían todos sentados en el banco de la cocina y que se iban
pasando el palto de comida de unos a otros, comenzando por las personas de
mayor edad.
Lo que no sabemos con seguridad es hasta dónde llega la verdadera autoridad
de unos y otros y si se trataba de una simple muestra de respeto, de reconocimiento
de la autoridad moral de los ancianos, o si se debía a la manifestación de
una autoridad realmente ejercida. Lo que parece cierto es que la patria potestad
no se ejercía de manera tan absoluta como en épocas posteriores. De echo,
las jóvenes no eran llevadas al matrimonio por sus padres, sino que ellas
mismas podían elegir a quienes más se distinguían en la guerra.
Constumbres.
Entre sus constumbres podríamos destacar su afición por el adorno, constante
en todos los pueblos indígenas. En las excavaciones de El Raso queda constatado
este gusto por los torques de oro de Los Alejandrinos, así como por el hallazgo
del tesorillo de la casa denominada A-1, además de pulseras, brazaletes y
fíbulas de plata hallados en diferentes lugares de la excavación.
El vestido se confeccionaba con elementos de origen animal y vegetal, sobre
todo tejidos de lana y pieles de cabra. Se piensa que utilizaban también el
lino. Según Estrabón, los hombres vestía de negro y que la mayoría dormía
con el sagún puesto en su lecho de paja, sobre el suelo.
La constumbre de comer sentados sobre bancos alineados alrededor de las paredes
y sentados en orden según la edad y la dignidad de la persona, se ha podido
constatar en casi todas las casas excavadas, en la cocina, donde el hogar
se centraba en el muro del fondo de la misma.
Se piensa que adultos y niños hubieron de tener entrenamientos, y de ahí que
se hayan encontrado trozos de fichas o discos realizados en cerámica en todas
las zonas del poblado.
Se sabe que los hombres llevaban el pelo largo, al modo femenino. Es raro
que no se hayan encontrado en ninguna de las casas vasos que presentaran indicios
de haber sido utilizados como lucernas. En las casas es posible que se utilizaran
ollas de cocina, ya que son las únicas piezas encontradas que presentan señales
de fuego.
Se sabe que eran un pueblo hospitalario que recibían muy bien a los forasteros.
Esta hospitalidad se acentuaría más en épocas de intranquilidad política,
como las que vivieron las gentes del poblado de El Raso, dentro de cuyos muros
acogerían a gentes de los poblados vecinos pero defendidos.
Importante es el gusto que estos pueblos sentían por la música y la danza.
La música debía servir tanto para las fiestas como para los funerales.
Alimentación.
En la alimentación jugaba un papel muy importante la bellota. Estrabón dice:
"Los habitantes de las sierras viven durante dos tercios del año de bellotas
que secan, trituran y después muelen para hacer pan, que conservan largo tiempo".
Por Estrabón sabemos que no hacían más de una comida al día.
Según Plinio dice que las bellotas se utilizaban hasta de postre y que tostadas
entre cenizas sabían más dulces. No podemos decir que desconocieran el pan
de cereales, ya que se hallaron en casi todas las casas, pequeñas piedras
de molino y en algunas, las hoces que prueban su cultivo.
Otro alimento básico fué la carne ya que también era un pueblo pastor. Basándonos
en especies de la zona, podemos deducir que la carne procedería de cerdo,
cabra y oveja, aunque no se han encontrado huesos animales en el poblado.
La leche, el queso, los higos, las nueces y las castañas debía de ser un complemento
notable de su dieta.
La caza tuvo que desempeñar también un papel importante en este poblado, dada
la riqueza que guarda la Sierra de Gredos, tanto en especies animales como
vegetales. Además de los pequeños animales de monte como la liebre, debían
de cazar también animales de caza mayor como el corzo, el jabalí o la cabra
montés.
La carne debía de prepararse y conservarse de la forma como aún se preparan
los actuales tasajos. Cobrada la pieza y desprovista de piel,
huesos y órganos no aprovechables, se cortaría la carne en tiras, se adobaría
y se pondría a secar, colgada en las vigas de la cocina, donde el humo del
fuego del hogar la iría curando y secando.
Se puede llegar fácilmente a la conclusión de que la pesca también formaría
parte de la dieta de estas gentes debido a la abundancia de la misma en la
cercana Garganta de Alardos así como en el cercano Tietar.
De ello no hay pruebas, pero la representación de un pez en uno de los vasos
hallados en la necrópolis podría interpretarse con un significado ritual,
al haber sido hallado como parte del ajuar de una de las tumbas.
En cuanto a bebidas, sabemos que no bebían más que agua, y que en la cocina
utilizaban manteca en vez de aceite.
Sanidad e higiene.
Como es lógico pensar en un pueblo primitivo, los habitantes del poblado
de El Raso, no debieron sentir una gran preocupación por los problemas sanitarios.
Las condiciones de vida tampoco permitían un nivel alto en este sentido.
Se piensa que eran propensos a enfermedades reumáticas, contraídas por la
constumbre de dormir en el suelo, frecuentemente en lechos de paja. Por eso
el carácter divino que daban con frecuencia a las aguas medicinales.
En el territorio de los vettones era famosa por su capacidad para curar multitud
de dolencias la llamada herba vettonica, por su lugar de origen
ya que prosperaba muy bien en los páramos de lo que es la actual Extremadura.
Esta planta se daba con frecuencia en las zonas frías.
Esta planta era utilizada con frecuencia contra la mordedura de serpientes,
como bebida digestiva, para los dolores de pecho, costado, oidos, para cortar
la hemorragia nasal y para otros muchos males.
También sufrían de malaria y con las fiebres de malta, causada
por la ingestión de leche de cabra sin hervir y que hasta no hace muchos años
se consideraba endémica en la vertiente sur de la Sierra de Gredos. La malaria
lo ha sido también hasta época reciente en toda la comarca de la Vera.
El suministro de agua potable no debió presentar un gran problema para las
gentes del poblado, debido a la abundancia de manantiales y cursos de agua
cerca del poblado aunque curiosamente ninguno de ellos pasa por el interior
del mismo.
El alto índice de mortalidad estaba relacionado con el bajo nivel sanitario,
aunque los ritos de incineración de los cuerpos antes del enterramiento no
dejan mucho para el análisis antropológico de los restos.
La constumbre de enterrar a los niños bajo el piso de las casas estaba muy
extendido entre todos los pueblos celtas, lo que provocaba una insalubridad
dentro de las casas y hacía aumentar el índice de mortalidad.
Estas tumbas interiores pertenecen en general a niños recién nacidos, fallecidos
de muerte natural, sin que se hayan observado en ningún caso sacrificios rituales
como los que se llevaban a cabo por la misma época en ciudades bajo influencia
fenicia.
En el caso del poblado de El Raso sólo en una ocasión podemos observar la
presencia de un posible enterramiento infantil bajo el subsuelo de una de
las casas excavadas. A este enterramiento pertenecería el ajuar descubierto
en la cocina de la casa A-4, aunque no se encontraron restos humanos. Es por
ello que siempre se ha considerado más como una ofrenda fundacional que como
un ajuar de enterramiento.
Para hablar sobre la vida media de la población hay que basarse en la vida
media de los romanos de la época, basados en las lápidas en las que se menciona
las edades de los difuntos.
Con una media de 33 años para los hombres y de 26 para las mujeres, la media
de edad coincide con los estudios realizados en otras excavaciones.
En cuanto a la higiene, el aseo personal es una característica que no merece
ser destacada. Se ha mencionado con frecuencia la constumbre de frotar el
cuerpo con orines que conservaban en descomposición en tinajas, que se considera
típica de poblaciones pastoriles y en relación a la cual podrían estar algunas
de las grandes vasijas encontradas y que llamamos de provisiones, que aparecen
en gran cantidad en todas las casas del poblado. También sabemos que se bañaban
en agua fría.
Actividad doméstica.
En el hogar se desarrollarían una serie de trabajos, tanto por parte de la
mujer como del hombre.
En la cocina de la casa tendría lugar gran parte de la vida de familia. La
presencia en el banco y en las inmediaciones del hogar de gran número de percutores
y piedras de afilar, así como herramientas y útiles para el trabajo del cuero
y la madera, nos indican que sería un entretenimiento habitual de aquellas
gentes los trabajos, reparaciones y preparación de los elementos necesarios
para la casa, el cuidado de los animales o el cultivo de los campos.
La mujer, mientras tanto, se ocuparía de las tareas más estrictamente domésticas.
Limpiar la casa, traer el agua, preparar las comidas, atender a los animales
del corral, ordeñar a las cabras y hacer el pan y los quesos. En las horas
libres tejería y prepararía los vestidos para todos los moradores de la casa.
En todas las casas se ha encontrado un lugar dedicado a la confección de los
vestidos.
Las pesas de los telares eran de gran tamaño, de hasta un kilo de peso, por
lo que se deduce que los vestidos eran de un gran volumen. También se han
hallado fusayolas que se relacionan con las actividades de hilado.
Se ha comentado que la alfarería debió ser en la antigüedad una actividad
femenina. Es posible que en un primer momento así lo fuera, pero en la etapa
en la que se asienta este poblado se desarrolló una incipiente industria alfarera
en la que aparecen vasos realizados con torno, aunque en la Necrópolis han
aparecido gran cantidad de pequeños vasos realizados a mano. La aparición
de esta industria hace pensar en la existencia de profesionales dedicados
a la alfarería.
Importante también es la posible existencia de un juego al que pudieran pertenecer
gran cantidad de fichas de cerámica encontradas en varias de las casas excavadas.
También sería muy importante la transmisión oral de los hechos gloriosos de
los antepasados de una generación a otra, que luego se cantarían públicamente
con motivo de las fiestas y las solemnidades, lo que hace pensar en la posible
existencia de una literatura no escrita de sagas en los pueblos prerromanos
de la península.
ECONOMIA
Ganadería.
En la época prerromana, la principal riqueza de la meseta y una de las bases
de la alimentación de muchos de sus pueblos era la ganadería. El terreno,
alto y frio, le hace más apropiado para el desarrollo de la ganadería que
para la agricultura.
La cabra es el animal más apropiado para el terreno en el que
se asienta el castro de El Raso. Estos animales les proporcionan vestido y
alimento. Estrabón nos dice que los indígenas tomaban carne de cabra, confeccionaban
sus vestidos con la piel de estos animales y además obtenían leche que bebían
fresca o que utilizaban para la fabricación de quesos. Muy utilizados debían
ser también las vacas, los cerdos y las ovejas.
El caballo fue un animal fundamental para los pueblos de la
meseta, no sólo desde el punto de vista económico sino también como elemento
sobre el que descansaba todo el poderío militar, ofensivo y defensivo de los
pueblos de aquella época.
Todas las guerras que en la península se sostienen contra Roma, son campañas
a base de caballería. El caballo desempeña, de esta forma, un papel vital
en la lucha por la independencia y no es extraño que los pueblos de aquella
época lo consideraran un animal excepcional, al que se le llegaba a rendir
culto religioso, con precedentes antiguos en todos los pueblos celtas.
La ganadería fue la riqueza más importante de todos los pueblos de la península
en las épocas primitivas y romana, influyendo muy decisivamente en las formas
de vida y en la estructuración social de estos pueblos.
También es muy importante la existencia del culto al toro y
al cerdo, que en los pueblos vettones se refleja en la llegada hasta nuestros
días de los conocidos verracos.
Es cuestionable que estos pueblos se dedicaran a la trashumancia, aunque de
ser así, no sería de largo recorrido, puesto que en aquella época existía
un régimen pluvial adecuado para poder mantener a todas las reses en el mismo
lugar con pastos frescos durante todo el año.
Agricultura.
La agricultura en el castro de El Raso jugaría un papel secundario, pero
de gran trascendencia, ya que permitiría el desarrollo de una población autártica,
importante en un pueblo que ha de encontrarse cerrado dentro de las murallas
que levantó para su defensa.
A pesar de ser un pueblo ganadero, cultivaban mucho trigo, como
lo demuestra el hecho de haberse encontrado restos de trigo carbonizado en
muchas de las casas excavadas.
No se conoce nada de los tipos de producción. Las hoces y las piedras de molino
nos hablan del cultivo de cereales, como el trigo. También disponían de cultivos
de frutales y hortalizas.
En cuanto al régimen de propiedad de la tierra, sabemos de fuertes desigualdades
debidas a la concentración de la riqueza agrícola y ganadera en pocas manos.
Se debe ver el área del castro dominando un cierto territorio de tierras comunales,
donde habría zonas de sembrado, pastos y monte.
En la zona del castro de El Raso se pueden apreciar dos zonas. En la primera
de ellas, situada al norte, en la zona montañosa, se concentrarían los pastos
de propiedad comunal para el ganado. En la zona sur se extenderían las tierras
del valle del rio Tietar, más ricas desde el punto de vista agrícola, donde
se desarrollarían los cultivos de cereales y pastos comunes.
Se piensa que cada una de las familias dispondrían de un pequeño rebaño y
suficiente cantidad de tierra como para permitirle una economía independiente
que se complementaría con las propiedades del común.
La zona norte, además de servir de pasto al ganado, debió de servir para la
explotación madedera, con abundancia de pinos, castaños,
enebros y robles, que serían sin duda, junto con
el fresno, las maderas utilizadas para la construcción de casas,
sobre todo utilizadas en la estructura de la cubierta.
Caza y pesca.
Complementando las actividades anteriores, se encuentra la caza y la pesca.
En la zona de El Raso se podría practicar la caza mayor como la caza menor.
Animales como el caballo salvaje, el jabalí, la
cabra montés, el corzo, el lobo,
el oso, el conejo y multitud de aves como las
perdices.
En cuanto a pesca, su incidencia fue menor al ser un poco más escaso el recurso,
pero seguramente se pescaran especies como la trucha o el barbo
que actualmente abundan en las gargantas cercanas.
Minería y metalurgia.
El tiempo en el que se desarrolla la vida en el poblado de El Raso, se caracteriza
por el aprovechamiento de los metales mediante las técnicas de explotación
del hierro, que acaba reemplazando al bronce que
se había utilizado hasta entonces.
El hierro desplaza al bronce debido a su dureza, quedando este último destinado
a usarse en objetos populares de adorno o de culto religioso.
El rito al culto al Dios Vaélico, dios relaccionado con el mundo subterráneo,
confirmaría la actividad minera de este pueblo.
Las explotaciones debían de ser pequeñas, suficiente para satisfacer las demandas
del poblado y poco más. El sistema de fundición del hierro por los pueblos
prerromanos es conocido. Llegaron a alcanzar una gran perfección en el sistema
de extracción y fundición de este metal, logrando un hierro de gran pureza
que permitía que pudiera ser forjado en frío.
Esta calidad se ha podido constatar en las armas y herramientas encontradas
en las casas del poblado y en los ajuares de las tumbas de la Necrópolis.
Artesanía.
En las tareas tratadas hasta ahora es difícil decir en qué proporción eran
labores masculinas o femeninas, aunque basándonos en la dureza de los trabajos
podríamos afirmar que la minería y la metalurgia formarían parte de las actividades
desarrolladas por los hombres, al igual que la ganadería y el pastoreo.
Se piensa en la agricultura como tarea femenina, además de los cuidados del
hogar, los trabajos artesanales como el hilado y el tejido de prendas de vestir,
el curtido de pieles y la alfarería.
La mujer alternaría estos trabajos con las tareas domésticas, la preparación
de las comidas, la elaboración de pan y queso y el cuidado de los pequeños
animales domésticos.
El artesanado tuvo que desempeñar un papel muy importante en la economía familiar,
dirigido principalmente a la obtención de bienes de uso doméstico.
Para realizar el hilado, se partía de la lana en bruto que había que estirar
progresivamente hasta convertirla en un hilo que se enrollaba alrededor de
un eje que se hacía girar al aire con ayuda de una fusayola.
Como ya hemos dicho, un pueblo ganadero como este haría uso de las pieles
de los animales que cuidaba, tanto para confeccionar ropa de abrigo como para
los lechos y la casa. Capas y pieles formaban parte de los bienes que los
romanos exigían a los indígenas como contribución en especie.
Hay que darle categoría artesana a la cerámica. La alfarería a mano debió
de ser una tarea familiar y de ello habla la gran diversidad de formas y decoraciones
encontradas en la cerámica hallada en las excavaciones.
Por otro lado, la fabricación de los objetos de cerámica más grandes, como
pueden ser las vasijas encontradas en multitud de casas, y debido a la gran
similitud entre todas ellas, se puede decir que era llevada a cabo por uno
o más alfareros que surtirían a las demás personas del poblado. No se han
hallado restos de hornos donde se cocería la cerámica y que deberían estar
situados cerca de un curso de agua permanente.
Comercio.
No existen referencias escritas que nos hablen de la existencia de actividades
comerciales entre unos y otros pueblos de la meseta. Es indudable que existirían
desde siempre. De ello son testigos los materiales de origen exótico encontrados
en las excavaciones, como la figurilla etrusca de bronce, aunque no se sabe
bien si es fruto de las relaciones comerciales o es testimonio de contactos
personales de las gentes de la meseta con las gentes del mediodía.
El poblado de El Raso, tenía caminos fáciles hacia el sur, del que ningún
accidente geográfico importante lo separaba, mientras que los caminos hacia
el norte se hacían complicados por la existencia de la Sierra de Gredos.
Otras actividades.
Entre otras actividades a las que se dedicaban estos pueblos, se encuentran
la guerra, el bandidaje, el mercenariado
y la servidumbre.
Se sabe que la guerra fue la ocupación principal de los indígenas. Conocida
es la anécdota contada por Estrabón que los vettones, la primera vez que llegaron
a un campamento romano, viendo pasear a algunos centuriones, los tuvieron
por locos y les enseñaron el camino hacia sus tiendas, ya que los vettones
consideraban que cuando no se combate había que dedicarse a reposar echados
tranquilamente en la tienda.
También se dice que la guerra era la ocupación principal de los vettones,
dejando las demás ocupaciones en manos de una clase servil. Parece más correcto
la existencia de una minoría permanente, dedicada a mantener la paz y la integridad
de los territorios y propiedades, sometidos con frecuencia a los peligros
del pillaje y de la lucha con los pueblos vecinos.
De todas formas la guerra tuvo que ser una actividad primordial de los indígenas
de la época. Se comenta que una vez sometido el pueblo vetton, este depone
las armas, cosa poco creíble en un pueblo amante de las artes y armas bélicas.
Unido a la guerra está el pillaje debido a factores económicos, agrarios y
demográficos que radicarían en una mala distribución de la tierra. Se dice
que los vettones, habitantes de El Raso, que habitaban en un suelo pobre para
la agricultura, se dedicaban a asaltar y despojar a los pueblos vecinos.
El mercenariado y la servidumbre es destacable, puesto que toda la península
se convirtió en una especie de reserva bárbara de donde sacarían contingentes
humanos los romanos. En épocas posteriores a la entrada de los romanos, las
únicas noticias del pueblo vettón eran que combatían en las filas de los ejércitos
romanos.
Muchas personas con escasez de recursos se trasladarían al sur para trabajar
como agricultores, pastores o mineros. La enorme riqueza del valle del Guadalquivir,
con una estructura de la propiedad de tipo latifundista, haría necesaria la
presencia de gran cantidad de peones asalariados o esclavos, al igual que
en las explotaciones mineras del sur.
ORGANIZACION POLITICA Y SOCIAL
En los enterramientos excavados no se encuentran signos de grandes diferencias
sociales. Todas las tumbas son de aspecto muy similar. El mismo ritual de
incineración, los mismos parecidos ajuares, con armas o sin
ellas.
Su distribución, sin embargo, en núcleos separados entre sí, es reflejo de
la presencia en el poblado de varios grupos, clanes o gentilidades, cuya separación
desean mantener más allá de la tumba.
Se piensa en una distribución por clanes, cada clan formado por centenares
de familias. En El Raso debieron convivir más de cuatro clanes,
teniendo la prueba en las aras votivas del santuario donde cada uno de los
clanes aportaba un gentilicio distinto.
Se piensa también en la existencia de un jefe militar, elegido por asamblea,
para dirigir la guerrilla contra Roma y combatir los asaltos de los pueblos
vecinos.
Los seguidores de los jefes elegidos se unían a ellos con frecuencia por el
vínculo religioso, social o militar. Existía con frecuencia un juramento de
fidelidad que unía hasta la muerte al devoto y al señor.
Las casas excavadas en el castro de El Raso son unifamiliares
por lo que la base de la sociedad formada en este poblado debía de ser la
familia. Por los datos encontrados en algunas tumbas dobles, donde aparecían
restos de armas y de fusayolas lo que denotaba que habían enterrado a un hombre
y una mujer, se puede asegurar que eran monógamos.
Como pueblo ganadero y pastoril, vivían bajo un régimen patriarcal, de estirpes
familiares hereditarias, con presencia de clases o grupos de edad, que serían
los elementos rectores de cada poblado y que son fundamentales en la organización
interna de los pueblos pastores.
Existiría una dirección por medio de consejos de ancianos o de guerreros,
lo que supondría para los fines de conquista de los romanos un impedimento
considerable, ya que dificultaba la posibilidad de llegar a acuerdos personales
por medio de alianzas con régulos.
RELIGION
Podemos aplicar testimonios de tres tipos. En primer lugar los textos escritos,
en segundo lugar las representaciones plásticas y en último lugar las deducciones
basadas en sus tipos de enterramiento.
Entre los testimonios aplicables a textos escritos, tenemos la serie de aras
votivas aparecidas en la zona del poblado. También los textos de los
escritores clásicos tienen un valor de generalidad.
Como representaciones plásticas de cerámica y con una posible finalidad religiosa,
nos fijaremos en algunos exvotos de bronce y cerámica y en los típicos verracos
de los pueblos celtas.
En los enterramientos es donde llegamos a ver que tenían la vida después de
la muerte como creencia.
Aparecen con frecuencia temas alusivos al sol. Aparecen en la cerámica y son
realizados a mano. Estos vasos han sido hallados en los ajuares de la Necrópolis
y ni uno sólo ha aparecido en alguna de las viviendas del poblado.
También rendían culto a los montes, a los árboles
y a las aguas, de los que destacaría el culto al Almanzor,
debido a su altura imponente, al brillo en sus cumbres, al misterio de sus
profundos valles y al poder de atracción de la tormenta y del rayo.
También se piensa en un posible culto de veneración a las piedras.
Podemos referirnos al emplazamiento del santuario al Dios Vaelicus, en Postoloboso,
que se alza vertical a modo de un pequeño menhir.
El culto al árbol aún perdura entre las gentes de El Raso, pero cuyo origen
es céltico. Es la llamada fiesta de El Palo que se celebra la
noche de San Juan. Los mozos del pueblo cortan el chopo más alto que se encuentran
en el término del pueblo, le quitan las ramas más bajas y lo colocan en el
centro de la plaza donde queda en pie algunos días.
Mientras en el pueblo se celebran una serie de fiestas, que ya van desapareciendo,
entre las que se encontraba la famosa "cucaña", palo largo untado de grasa
y jabón a cuya cúspide se colocaban diferentes objetos a modo de premio. Esto
sólo lo realizaban los hombres, las mujeres estaban excluidas.
Atecina y vaelicus.
A Ataecina se le da una interpretación religiosa al haber encontrado
una cabrita de cerámica en una tumba de la Necrópolis y un vaso hueco en forma
de pato o paloma. Por un lado la cabra es un animal vinculado al culto a Ataecina,
que suele ser ofrecido a la diosa como exvoto en bronce.
Por otro lado, e poblado de El Raso se haya en una zona que rendía culto a
esta divinidad, extendida entre los ríos Guadiana y Tajo. Ataecina acoge la
muerte y garantiza la resurrección y también es protectora de la mujer y de
los nacimientos.
Vaelicus está relacionado con la piel de lobo. Era el emblema
de un dios nocturno que empuñaba un martillo. Dios de carácter civilizador
y bondadoso. Se le relaciona con las explotaciones mineras y los trabajos
de forja.
El lobo también tendría el carácter de animal protector desde una época antigua.
También nos llega el carácter infernal a través de su traducción. La relación
del lobo con el mundo de los muertos también nos llega a través de los griegos.
BIBLIOGRAFIA RECOMENDADA
- NUMANTIA: Arqueología en Castilla y León. Tomo III.
Junta de Castilla y León. Consejería de Cultura y Bienestar
Social. 1990.
- Fernando Fernández Gómez.
EXCAVACIONES ARQUEOLOGICAS EN EL RASO DE CANDELEDA (I)
Diputación Provincial de Avila. Institución Gran Duque de
Alba. Avila. 1986.
- Fernando Fernández Gómez.
EXCAVACIONES ARQUEOLOGICAS EN EL RASO DE CANDELEDA (II)
Diputación Provincial de Avila. Institución Gran Duque de
Alba. Avila. 1986.
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Ultima Actualización 06-01-2003
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