La planificación estratégica es el primer paso a dar si queremos obtener un desarrollo de calidad y un futuro mejor para todos, y la Ordenación del Territorio deber ser uno de sus primeros objetivos
|

|
Todo proyecto de desarrollo en el ámbito local necesita para conseguir sus objetivos - y Candeleda no es una excepción-, de la participación y de la colaboración de todos los actores implicados en el mismo, y sobre todo de aquellos que deben ser los beneficiarios del mismo: los habitantes del propio territorio. Pero, siendo importante la contribución de los ciudadanos/as al proyecto común, es imprescindible contar, además, con las herramientas necesarias para hacer posible que la citada contribución sirva para lograr un desarrollo equilibrado y sostenible del territorio y para mejorar la calidad de vida de los habitantes del mismo; tanto en el aspecto económico, como en el social. Entre esas herramientas imprescindibles se encuentran dos que, en función de su calidad y de su adecuación a las necesidades y a las potencialidades de desarrollo del territorio, pueden contribuir de manera decisiva a que sus habitantes alcancen unos niveles de desarrollo y de bienestar acordes con sus posibilidades o a que, por el contrario, no sea así: la Ordenación del Territorio y las Normas Urbanisticas Municipales.
Una Ordenación del Territorio, fruto de la planificación, y diseñada en función del proyecto de desarrollo adoptado y de los objetivos perseguidos por el mismo, es imprescindible para optimizar los resultados del citado proyecto y para poner freno a la innecesaria e incorrecta utilización de recursos patrimoniales –naturales y culturales, principalmente- que se está produciendo actualmente; propiciando, en algunos casos, su irreversible deterioro o desaparición.
La Ordenación del Territorio es, a día de hoy, una asignatura pendiente de aprobar, pues si bien las Normas Urbanísticas Municipales de 2001 contemplan como uno de sus objetivos: establecer la ordenación general de todo el término municipal, la verdad es que se limitan simplemente a calificar el suelo a efectos de su posible utilización, pero en ningún momento proceden a exponer , y mucho menos a justificar, las razones por las que al mismo se le da una calificación determinada y no otra. Así mismo, en las citadas Normas Urbanisticas, tampoco se plantean los objetivos que se persiguen con dicha calificación, ni los beneficios que para el interés general y para la mejora de la calidad de vida de los candeledanos/as se van a obtener con la adopción de dichas calificaciones, es decir: la calificación del suelo se convierte, en si misma, en el único objetivo de las citadas normas, al no entrar las mismas a definir y a determinar que objetivos de desarrollo y que beneficios para el conjunto de la población, se pretenden alcanzar con su aplicación.
Debe procederse, pues, a una ordenación real del territorio en base a unas directrices claras y de facil aplicación que constituyan un marco de referencia valido para la formulación y la aplicación de los restantes instrumentos de ordenación territorial. Se deben establecer, por tanto, criterios y normas que sirvan para determinar y regular la correcta ubicación en el medio natural de las distintas actividades economicas y sociales: la agricultura, los espacios industriales, las infraestructuras, el turismo, los servicios, los equipamientos sociales y dotacionales, etc.; con el fin de garantizar el equilibrio y la cohesión territorial y social, y la generación de las condiciones necesarias para lograr un incremento sustancial de la actividad económica y empresarial, en un marco de actuación respetuoso con el rico patrimonio natural y cultural candeledano.
El respeto al patrimonio natural y cultural debe ser contemplado
como referente en la Ordenación del Territorio
Para ello, la Ordenación del Territorio debe contemplar dos objetivos prioritarios: el desarrollo integral y sostenible del territorio de Candeleda y el bienestar de toda la población. Para hacer realidad dichos objetivos, las citadas directrices deben tender a crear un territorio más competitivo y con una mayor capacidad de atracción de inversiones innovadoras -tanto de dentro como de fuera de la localidad- y a lograr que, al mismo tiempo, sea atractivo para el desarrollo de la vida cotidiana de la población y adecuado para la realización personal y social de sus miembros.
Medioambientalmente, el modelo territorial a implantar no debe limitarse solamente a evitar los impactos negativos que sobre el medio natural en general, y sobre la biodiversidad autóctona en particular, puedan producir las distintas actividades que en el territorio se desarrollen – productivas o no - , sino, que, además, debe tender al desarrollo de actuaciones de intervención positiva en el citado medio, con el objetivo de mejorar las condiciones y la situación actual del mismo. Se debe prestar, pues, una protección especial a las singularidades medioambientales que Candeleda atesora y que a lo largo del tiempo han constituido un activo esencial para el desarrollo local y una garantía para la calidad de vida de la población, y , sobre todo, proceder a ordenar el territorio teniendo siempre presente la importancia que para el mismo tiene el acceso a un bien cada vez más escaso, pero de un valor incuestionable para su desarrollo sostenible y para la calidad de vida de la población: el agua.
Es por tanto imprescindible llevar a cabo dicha ordenación en función de los recursos hídricos disponibles actualmente y no contemplar actuaciones cuya demanda supere las posibilidades reales de aporte de los citados recursos por parte de las aguas superficiales y la capacidad de almacenamiento y suministro existente a día de hoy, o que pongan en peligro la necesaria regeneración de los acuíferos: una correcta Ordenación del Territorio debe tener en cuenta, por tanto, las posibilidades reales de aporte, por parte del medio natural, de los recursos necesarios para que Candeleda se desarrolle – tanto de los renovables como de los no renovables -, y ser, al mismo tiempo, una herramienta valida para garantizar la pervivencia, la biodiversidad y la calidad del citado medio.(Ver el documento Una Agenda 21 Local sobre el agua, en candeledaweb.com).
La cantidad de agua disponible y su calidad, deben ser contempladas en
cada momento como indicadores básicos de crecimiento y desarrollo
La ruralidad de Candeleda constituye en si misma un valor estratégico que supera la mera aportación de las actividades productivas primarias al producto interior bruto candeledano. Por tanto, es fundamental enfocar la Ordenación del Territorio desde el respeto a la idiosincrasia y a los valores locales, con el objetivo de crear unas condiciones propicias para la generación de empleo y bienestar en un marco de actuación respetuoso medioambientalmente y con garantías de proyección y continuidad en el futuro.
Así mismo, el respeto al rico patrimonio cultural, histórico y arquitectónico candeledano, debe contemplarse en la citadas directrices de la misma manera que se ha expuesto anteriormente para el patrimonio natural; no solamente se debe tender a evitar los impactos negativos, sino que, también, se deben llevar a cabo actuaciones de intervención positiva que garanticen la pervivencia y la mejora de elementos y recursos básicos para el desarrollo integral del territorio –tanto materiales e inmateriales-; como son todos aquellos relacionados con la cultura de trabajo local: la producción de pimentón – ver documento Candeleda el Reino del Sequero en candeledaweb.com -, el cultivo del tabaco, la ganadería caprina, los sistemas e infraestructuras de riego, etc., pues, de cara al futuro, la interacción del binomio agricultura-turismo puede suponer uno de los activos más importantes para el crecimiento económico y sostenible de Candeleda.
Es, pues, la Ordenación del Territorio una herramienta que Candeleda precisa urgentemente para lograr un modelo territorial más equilibrado, cohesionado y atractivo, así como, un crecimiento sostenible y armónico, de acuerdo con los planteamientos del modelo de desarrollo económico y social en marcha y con las demandas de la población. La Ordenación del Territorio es algo que nos afecta a todos: a las generaciones actuales y también a las venideras, pues a estas últimas estamos obligados a legar un territorio más rico, más agradable y con un mayor potencial de desarrollo.
Si la Ordenación del Territorio es un aspecto que urge acometer, algo semejante ocurre con el Urbanismo – ámbito de actuación relacionado directamente con la Ordenación del Territorio -, pues se está actuando actualmente en función de unas Normas Urbanísticas que no solo no contemplan las posibilidades reales de desarrollo de Candeleda – quizá por no haberse procedido, antes de redactar dichas normas, a un análisis en profundidad del territorio y de sus potencialidades; ya que no solamente no tienen en cuenta, ni valoran suficientemente, recursos vitales para el futuro de Candeleda -, sino que además no contemplan el Urbanismo desde la óptica del interés general, es decir: como un conjunto de conocimientos relacionados con la creación, la reforma y el progreso del pueblo según conviene a las necesidades de la vida humana , y si lo hacen, por el contrario, desde una concepción desarrollística basada en la mera promoción inmobiliaria y en la construcción como actividades privadas y como fin último, sin más, de la actuación y de la intervención urbanística. Es decir: unas Normas Urbanísticas concebidas para crecer a costa del patrimonio territorial y no para hacerlo con el mismo.

Candeleda debe crecer y desarrollarse con su patrimonio
si quiere lograr un desarrollo de calidad
Como prueba de ello, el urbanismo de imitación que se está llevando a cabo actualmente, borrando en las edificaciones de nueva creación cualquier imagen de ruralidad autóctona y creando, en muchos casos, un espacio de ruptura entre el medio urbano/periurbano y el medio rustico, al llevarse a cabo la ocupación de las áreas periféricas al casco urbano sin ninguna relación de continuidad ni de orden, y mucho menos de control estético y paisajístico.
A modo de ejemplo de lo expuesto en el párrafo anterior, citar actuaciones urbanisticas –al parecer, pendientes de realizar-, que por su ubicación deteriorarían de manera irrecuperable el medio natural y el paisaje de la Sierra de Gredos al romper, por una parte, la panorámica de la misma desde el valle y, por otra, el espacio de encuentro entre el medio rústico y el periurbano, al encontrarse el lugar de actuación muy alejado del núcleo urbano y con un amplio espacio natural de por medio. Además, dichas actuaciones pondrían en peligro, debido a su magnitud, recursos que como el agua y la biodiversidad son imprescindibles para el desarrollo de sectores vitales para el futuro de Candeleda: la agricultura, el turismo, los servicios, la industria, etc. Actuaciones urbanísticas como las anteriormente puestas como ejemplo, deben ser valoradas integralmente y en función del propio proyecto de desarrollo y no pueden ser contempladas aisladamente por una sola concejalía – en este caso por la de Urbanismo -, pues los efectos negativos que su construcción produzca sobre el territorio –impacto paisajístico, degradación estética, contaminación medioambiental, encarecimiento del proceso de recogida y tratamiento de residuos sólidos, agotamiento de los recursos hídricos, etc. - afectarán, en mayor o menor medida, a las competencias, a los objetivos y a la capacidad de actuación de las demás concejalías.
Actualmente Candeleda asiste, además, a un paulatino deterioro medioambiental, obligada en parte por la existencia y las carencias de dichas normas urbanisticas y propiciado, entre otros motivos, por un auge desmedido e irreal de la construcción – el agua es un bien cada vez más escaso y además se carece de un sistema eliminación de residuos adecuado y acorde con el aumento del número de viviendas que se están creando. Así mismo, la ausencia de un modelo de ordenación territorial y la existencia de las citadas normas urbanisticas está propiciando la perdida de tierras agrícolas y silvestres y creando un conjunto de obstáculos y barreras que dificultarán en el futuro la implantación de una agricultura moderna y de calidad, y el deterioro, y en algunos caso la desaparición, de un patrimonio inmobiliario rústico y urbano creado por una cultura de trabajo propia y por una concepción del medio natural y del espacio cimentada a lo largo de cientos de años y que constituye, además, uno de los pilares básicos para lograr el desarrollo sostenible, cohesionado y equilibrado del territorio; …
Candeleda necesita, por tanto, disponer lo antes posible, - y creo que no es necesario dar más razones que justifiquen dicha necesidad - de unas Normas Urbanisticas que propicien la conservación y el mantenimiento del patrimonio histórico , cultural y arquitectónico; que apuesten por un modelo de desarrollo endógeno centrado en la mejora de las condiciones de habitabilidad y de relación de la población existente; que potencien la creación y la mejora de equipamientos medioambientales, paisajísticos, deportivos y de ocio; que contribuyan a la implantación de actividades productivas relacionadas con el medioambiente: energías limpias, investigación, servicios y actividades en el medio natural, etc.; que faciliten el desarrollo de Candeleda como municipio turístico sostenible; que sirvan para reducir la actual explotación de los recursos naturales: el agua, el suelo, la fauna y flora autóctona, etc.; que hagan posible el incremento y la mejora de los espacios de relación: los parques, las plazas, los paseos, etc.; que fomenten y mejoren la accesibilidad en los espacios públicos y privados, con el fin de mejorar la calidad de vida de toda la población y especialmente de aquellas personas con algún tipo de discapacidad; etc., y sobre todo que estén concebidas para el desarrollo sostenible de Candeleda y para el progreso y la mejora de la calidad de vida de todos los candeledanos/as. Es necesario, pues, proceder lo antes posible a la integración de la Ordenación del Territorio y del Urbanismo, acometiendo al mismo tiempo ambos aspectos –pues uno va unido inseparablemente al otro-, con el objetivo de que ambos puedan contribuir simultáneamente a mejorar la calidad del proceso de desarrollo local.
La entrada en vigor el próximo día 1 de Julio de la nueva Ley del Suelo, viene a modificar las competencias, los limites y las responsabilidades de los ayuntamientos respecto del urbanismo; pues, supone un cambio radical en lo que se refiere a la conceptualización y a los usos del suelo que se contemplaba en la Ley del Régimen del Suelo de 1988, y obligará a modificar el ordenamiento territorial y los planes urbanísticos de una gran cantidad de municipios.
La asunción de nuevas y mayores competencias en materia de urbanismo por parte de los ayuntamientos y el fin del principio de que todo el suelo es urbanizable, supondrá una mayor protección de los espacios naturales, sobre todo; porque el precio del suelo se valorará en función de su situación real y no en función de las expectativas futuras; porque aumentará la superficie destinada a equipamientos públicos y a la construcción de viviendas de protección oficial; y porque promoverá la participación de los ciudadanos en la elaboración de los planes urbanísticos municipales, aspecto este último, muy necesario y saludable para el desarrollo local y la transparencia de la gestión municipal.
Es, pues, la entrada en vigor de la nueva Ley del Suelo, un buen momento para acometer la Ordenación del Territorio y la creación de unas Normas Urbanisticas acordes con los valores y potencialidades del territorio; dos herramientas, que Candeleda necesita para llevar a cabo su proceso de desarrollo en unas condiciones que le permitan al mismo tiempo: ser eficaz en lo que a consecución de los objetivos se refiere y eficiente en cuanto al uso adecuado de los recursos.
Según dijo, Wayne W. Dyer: El progreso y el desarrollo son imposibles si se siguen haciendo las cosas tal y como siempre se han hecho. Ha llegado, pues, el momento de decidir si asumimos el cambio y la planificación estratégica como una oportunidad para el desarrollo y el progreso de Candeleda y los candeledanos/as o si, por el contrario, preferimos seguir actuado como desde siempre se ha venido haciendo y continuar tomando decisiones en función del momento y de las circunstancias.