Quería profundizar en su toreo y para ello, menos es más, necesitaba otra estrategia en la temporada. Pero César Jiménez cayó en las “garras” del “malvado” Martín Arranz y el “misterioso” Joselito. Y huyeron las empresas, entre ellas la casa Chopera, que el año pasado le contrató para Tudela, Salamanca, Mont de Marsan, Zaragoza, dos en Logroño y Almería, tres en Bilbao y San Sebastián. El líder del escalafón de 2003 y 2004 (ésta con 106 tardes) ha toreado 63 corridas menos que el año pasado.
Aunque ese era su deseo, no era menos injusta la exigencia con el triunfador adolescente, con el torero en formación, dueño de una tauromaquia incipiente pero tremendamente capaz. Tan capaz que le habrá resultado muy duro renunciar a sus legítimos recursos triunfales en pos de una pureza buscada con ahínco dentro de su alma de torero, quizá el salto al vacío más difícil para un artista.
Pero para los que no creen en estas sentimentales cuestiones de fondo, también hay argumentos estadísticos. Argumentos de peso como sus repetidos triunfos. Como un martillo, con una regularidad en el triunfo poco vista en sus colegas de escalafón.
Ha toreado 43 corridas. Ha salido a hombros en más de la mitad. Jiménez comenzó por todo lo alto, con televisión en directo, desorejando un toro en Valencia en la primera corrida de su temporada. Así, para desengrasar. Luego lo hizo en Sevilla: las dos de un toro de Torrestrella. Como si fuese lo normal, vamos. ¡Valencia y Sevilla! Nadie se inmutó, pero César estaba golpeando.
También lo haría en León (aquí fueron dos y dos), Burgos, Dax, Málaga, Cuenca, Palencia, Murcia (tres orejas en la Condomina). En Valladolid hubo faena importante, y en Santander también salió a hombros tras triunfar con los dos toros de su lote.
En julio cortó orejas en Valencia y Pamplona. Y tuvo el detalle de encerrarse con seis toros en Aranjuez para los damnificados del terrible incendio de Guadalajara. En el circuito de plazas de tercera no perdonó y triunfó rotundamente. Ha terminado así en Hellín y Úbeda.
Falta remachar el año próximo, pero algo me dice que… ¡va a ser que sí!