Comenzaba la feria de San Isidro, y ¡zas!, en el Consejo de Ministros aparecen las Medallas de Oro al mérito en las Bellas Artes. Entre los galardonados, un torero, Paco Camino. ¡Eureka!
Miro y remiro la prensa. Salvo honrosas excepciones, la tribu taurina pasa del asunto. Atónito me hallo.
No doy crédito. Cuando desde algunos sectores se quería politizar el toreo y se insistía en que la fiesta era patrimonio de la derecha, cuando se decía que el actual gobierno era antitaurino, llega un reconocimiento absolutamente merecido. El más auténtico de los últimos años. Un galardón que reivindica, por sí mismo (y por la categoría del premiado, no lo olvidemos), que el toreo forma parte de las Bellas Artes.
Una distinción que pone en su sitio a los contrarios al toreo, a los intolerantes prohibidores. En plena campaña de acoso contra la fiesta, tenemos un argumento más: los toros son cultura por sí mismos. Pero esta medalla se ha contado con sordina, por lo bajinis.
¿Por qué no se ha contado, ni por nosotros mismos? Porque recuerdo el bombardeo de noticias cuando han sido otros los premiados, o los premiadores. Quizá por la personalidad de aquellos, presentes en el gran circuito de los actos sociales, la sociedad oficial, algo que no frecuenta el maestro Camino. Algo que ni quiere ni necesita el genio de Camas.
Hace un año denunciamos desde aquí la absoluta devaluación de una medalla oficialista, políticamente correcta, convertida en un burocrático reparto anual. Y la vergüenza que suponía mantener a un torero como Camino al margen de tal premio. En su momento escribí que Paco no quería la medalla. Es posible que siga pensando lo mismo, ya pasado de todo. Pero esta vez es muy importante: es de verdad, a un torero central, universal.
Por eso, el toreo entero está de enhorabuena. Uno de los mejores intérpretes de este arte ha sido distinguido por un Ejecutivo que no ha hecho caso del supuesto chantaje de los antitaurinos de Esquerra. Tomemos nota. En esta fiesta cabemos todos los que queramos estar.