Candeleda está soportando en los últimos años un fuerte impacto urbanístico, motivado por la construcción en el casco urbano de numerosos bloques de pisos y de urbanizaciones de chalets adosados. Así mismo, el medio rústico se está plagando de edificaciones, no ya rústicas, que seria algo normal, sino de chalets y casas de campo concebidas para el disfrute vacacional y festivo.
En otras circunstancias este crecimiento del número de viviendas seria considerado como el resultado de una situación de crecimiento económico, de aumento del Producto Interior Bruto, de la Renta per Capita, y sobre todo de un aumento del número de habitantes. Pero nada más lejos de la realidad, la perdida de habitantes – 376 en los últimos 10 años - , así como la perdida de actividad económica ponen de manifiesto que tal desenfreno constructivo no tiene como fin dar cobijo a nuevas familias que se constituyen y que fijan su residencia en Candeleda por tener aquí su medio de vida, su trabajo, su futuro.
Por tanto, si todo se vende, podemos deducir que la mayoría de lo que se edifica es adquirido por personas que no viven en el pueblo, que tienen fijada su residencia fuera de el, y que seguramente estarán empadronados en su lugar de residencia, lo que supone que un número importante de esas viviendas estén desocupadas durante grandes periodos de tiempo y que sus propietarios no cuenten a la hora de elaborar el censo.
El Instituto Nacional de Estadística dice que en el año 2001, había en Candeleda 442 viviendas vacías y que del total de viviendas existentes 4.175, 1.785 debían ser consideradas como viviendas secundarias.
Toda situación, por mala que sea, siempre tiene su lado bueno, y en este caso el que gran parte de las viviendas permanezcan vacías durante amplios espacios de tiempo puede considerarse que es bueno para el Territorio. ¿Por qué?
La razón es bien sencilla, Candeleda no está preparada actualmente para acoger de forma continuada a la población que podrían albergar la cantidad de viviendas existentes, tanto en el casco urbano como en el medio rústico. La ausencia de una red de distribución de agua potable, moderna y eficiente, así como la ausencia de sistemas de depuración de aguas residuales hace que en la actualidad el suministro de agua potable sufra continuos cortes debidos a roturas motivadas por una red de distribución obsoleta, mal diseñada y en mal estado de conservación. En lo que se refiere a la depuración de las aguas residuales, la falta de depuradoras hace que las aguas residuales generadas por los habitantes del casco urbano viertan directamente a la Garganta de Santa María o a los arroyos y cauces con cuya agua se riegan después prados y sembrados.
La situación en el medio rústico no es de por sí mejor. La proliferación de edificaciones de recreo sin ningún orden ni concierto, no respetando la capacidad de carga del Territorio, y sobre todo, sin control en lo que se refiere a la extracción de agua para consumo por medio de pozos incontrolados, o directamente de los manantiales o arroyos, así como la eliminación de residuos, con fosas sépticas en la mayoría de los casos de obra, sin homologar, y sin certeza de estanqueidad, hace que el medio natural esté siendo constantemente agredido por las extracciones de aguas que merman los acuíferos y por las perdidas generadas por las citadas fosas, contaminando los arroyos, los cauces, las aguas, las fuentes, y con ello todo el medio natural.
Por tanto, en el medio urbano debe considerarse prioritario adoptar las medidas necesarias para, por una parte, modernizar la red de suministro de agua potable, y por otra, dotar a la población de un sistema de depuración de aguas residuales que evite la contaminación y el deterioro del medio natural, requisito imprescindible para el desarrollo sostenible del Territorio, sobre todo en lo que al turismo se refiere.
En lo que se refiere al medio rústico, es imprescindible la realización de un inventario de edificaciones diseminadas en el mismo, con el fin de poder proceder a la comprobación de que las mismas no suponen con sus extracciones, con sus vertidos y con los residuos que generan, un peligro para el medioambiente. Es imprescindible, controlar en el sentido amplio del termino el gran número de edificaciones existentes en el medio rústico y poner a partir de ahora los medios necesarios para hacer compatible el aumento del numero de edificaciones en el medio citado con el respeto al medioambiente y al desarrollo sostenible.
Es importante también arbitrar medidas dirigidas a que Candeleda y su Territorio no pierdan aquellas características estéticas diferenciales que la distinguen de otras localidades y que suponen un valor en alza para el desarrollo de proyectos dirigidos a la generación de riqueza y empleo. A tal fin seria bueno que se redactarán dos planes directores; un Plan Director de Calidad Estética Urbana y un Plan Director de Calidad Estética Rústica, con el fin de evitar la gran cantidad de desmanes que se están llevando a cabo en lo que se refiere al diseño de fachadas, utilización de elementos constructivos, colores, texturas, etc. en los inmuebles y edificaciones que se están construyendo.
No se puede seguir deteriorando el paisaje, ni creando pequeños núcleos diseminados sin ningún orden ni concierto. Tampoco se puede seguir permitiendo la construcción de edificaciones, en algunos casos mastodonticas, en el casco urbano, cuyas fachadas rompen totalmente con la historia y la tradición estetico-constructiva de Candeleda.
El crecimiento urbanístico es posible y es bueno, sobre todo si se debe a una demanda interior que suponga un aumento del censo, pero dicho crecimiento debe hacerse de forma ordenada y controlada, de manera que sea compatible con el respeto al medio ambiente y a los recursos susceptibles de generar riqueza y empleo. No vaya a ser que definitivamente matemos a la gallina de los huevos de oro por la falta de las medidas de control y correctoras necesarias para garantizar dicha compatibilidad.